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Me gusta que los libros me sorprendan, descubrir autores nuevos, revolver, hojear y leer trozos del medio antes de decidirme por uno, es un ritual.
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No me parece ni bien ni mal...Descubriendo la poesía de BuñuelNo me parece ni bien ni mal
Yo creo que a veces nos contemplan por delante por detrás por los costados unos ojos rencorosos de gallina más terribles que el agua podrida de las grutas incestuosos como los ojos de la madre que murió en el patíbulo pegajosos como un coito como la gelatina que tragan los buitres Yo creo que he de morir con las manos hundidas en el lodo de los caminos Yo creo que si me naciese un hijo se quedaría mirando eternamente las bestias que copulan en los atardeceres.
Luis Buñuel
El silbido del viento en el cuello de la espiga anuncia ... la siega.
El hombre que me desnudó en el espejo de sus ojos negros
Confabulación, quiero... la realidad.......
Preciosa
Preciosa
Su luna de pergamino
Y los gitanos del agua Su luna de pergamino Niña, deja que levante Preciosa tira el pandero Frunce su rumor el mar. ¡Preciosa, corre, Preciosa, Preciosa, llena de miedo, Asustados por los gritos El inglés da a la gitana Y mientras cuenta, llorando,
Calcetines.A Calcetines le encantan los niños, sus juguetes y sobre todo las pelotas de pin-pong. Es un melindroso de puntiagudas orejas, sedosas y tibias. Ojos de arco iris con tantos matices como la vida, a veces dibujan aguas marinas o azules celestes, se embraban confundiendo en una tormenta de arena el cielo con el mar; porque Calcetines... esconde sus sueños en esas canicas redondas de cristal, y cuando los miras te salpican a traición. Camina de noche saltando y corriendo tras las mariposas y si le dices: ¡Despierta! Se vuelve a acostar. Le gusta atusarse los bigotes y marcar la dirección del viento, sigiloso sobre las pantunflas que sostienen sus patas se esconde entre la hierba del jardín de hierbas altas, explorando. Cuando cree que nadie lo mira, se lame, se quiere, se mima, se acicala para impresionar y cuando huele cerca una linda gatita, Calcetines se estira desde las uñas afiladas de sus patas hasta el rabo que yergue brillante y sedoso al tiempo que vierte un Miaaaau tierno buscando la dirección del viento que lo conduzca hasta ella. Nació con un zapatito de cada color pero … con calcetines similares y siempre lleva uno más caído que el otro. Se afila la uñas en nuestro sillón y se tumba posesivo sobre mi abdomen haga frío o calor. Si el verano se aproxima y con el la toalla en la terraza, el sabe encontrar la mejor sombra y su enredo se deslía del cuenco de mi tripa : baja se convierte en una línea somnolienta que bosteza enseñando los colmillos y una sonrosada lengua descarada. ¿A qué huele? Sin duda alguna a sardinas, a ratones, a pájaritos vivos o fritos, este detector de aromas siempre tiene el hocico precavido, un parpadeante detector de humos, olfato y oído finísimos. Calcetines es el niño mimoso de la casa, el que disfruta rascándose con fruición en las esquinas, el que le bufa al perro y se come su comida, se adormila por las noches acurrucado entre sus piernas, el encandilador que a todo el mundo conquista. Le pregunté si le parece suficiente y verídica la descripción, ha levantado irónicamente el rabo balanceándolo en la sacudida de un miau acompasado y especialmente alto para la ocasión.
El fragor del olvido, la batalla del recuerdoTe sueño ahora mismo antes de que se desvanezcan los restos de tu evanescente presencia.
Te deslíes como jirones en la niebla espesa y las curvas, las rectas se desploman atesoro los hilos de neutrones que afilian nuestros pensamientos Frágiles y Eternos.
¿Quieres que te recuerde si tu te has olvidado? Cómo recordarte si no es soñándote en algún lugar donde el tiempo permanezca inmutable dónde los atomos sean cuerdas y las cuerdas acordonen tu propio universo... nuestro universo. Una recomendación a los que queréis escribir, a los que escribís.
Desde la bruma hasta el cornical...Almería.
El reloj de sol se proyecta sobre las seis y el sol, hacendoso, despierta a las dormilonas adelfas blancas. Tímida una gota de rocío acaricia un escarabajo listillo que espera, en la corola el tic-tac de su baño matinal. Las buganvillas sonríen rosáceas jugando por equipos con un pájaro novato y despistado. Juan, los treinta raspados, deja vislumbrar bajo su flequillo dos carbones ardiendo a medida que Almería se adentra en sus pupilas y de vez en cuando me mira confidente bajo el flequillo azabache conteniendo la emoción. Su voz, sonora, sopla en mi oído: Mira, ahí nací yo. Su dedo apunta unas ruinas detrás de un hermoso macizo de flores, los restos simulan la resaca de un naufragio, la luz se desparrama en el centro justo de la sala donde las vigas desvencijadas de madera se desgarran en el suelo. La escena resulta desalentadora, aún así Juan parece contento, avanzamos entre las ruinas, un mini salón abre la puerta de entrada, y a su derecha la mini cocina-comedor, un exiguo dormitorio de matrimonio y su cuarto, el de un niño, dónde no queda un juguete, ni el resto de un libro, ni siquiera un balón. Aquí nací yo, repite con el acento de la ilusión. Luego recorremos un minúsculo patio trasero, donde una pareja de alcaudones comunes juega con acrobacias de cortejo, las hierbas han conquistado el terreno y un cornical de agujas afiladas saluda, las siempre vivas azules se despliegan dando un toque de belleza azulada al muro deslavado.
Se agacha y se llena las manos de tierra: Aquí mi vecino, Pepín y yo, jugábamos a las canicas. Y Juan recobra las pecas de las fotos de su infancia, sus pantalones cortos y su camisita blanca de cuellos redondeados, traviesos sus ojos me describen al niño de los vecinos, hasta las hebillas marrones de sus zapatos.
La alarma del reloj nos despierta de improvisto. Me despierta, y suelto sus manos en un sobresalto, porque Juan continúa dormido en la aséptica cama del hospital donde trascurren las horas, los días, después del trágico accidente camino a su tierra natal. Desde la ventana del centro Almeriense se atisban los palmitos regados por goteo, y en el otro extremo del aparcamiento una chumbera de flores amarillas promete jugosos higos …
Hoy, después de pasar una noche entera sin atisbos de vida, y despertar con idéntico y nítido sueño al de ayer, he decidido dejarle bajo la custodia del centro e internarme en el valle donde nació, el castillo donde exploraba y el mar que elevaba sus sueños de pescador, las minas calientes a cielo abierto… porque tengo un presentimiento …
¿Y si lo que sueño no es un sueño?
Los ríos de palmeras
Mi memoria es la de un pez, cada 3 segundos olvido lo que aprendí, por eso apunto las palabras, digamos que hago chuletas, tengo la casa llena de posit, mis amigos creen que es Alzheimer incipiente, insidioso y resistente. Acepto colaboraciones, voy a colgar las palabras que me gusta cómo suenan, qué significan y aquellas que nunca consigo recordar y quizá un juego para inventarse situaciones absurdas que me permitan practicar la nemotecnia. ¿Quién quiere jugar?
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